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Mitología japonesa

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Mitología japonesa

Mensaje  Org. Cosplay Ecuador el Jue Dic 30, 2010 7:43 pm

Introducción

Si queréis un ejemplo de tolerancia religiosa, no tenéis mas que mirar al Japón actual, donde shintoismo, budismo, cristianismo y, en menor medida, otras religiones conviven sin problema se incluso complementándose entre sí, especialmente shintoismo y budismo. Sin embargo, si nos referimos e la religión japonesa autóctona, tenemos que hablar del shintoismo.

El shintoismo, de Shinto o camino de los dioses, es, como muchas de las religiones más antiguas del mundo, de origen animista, es decir, los dioses (kami en japonés) son los espíritus y fuerzas de la naturaleza, de la tierra, los ríos, la fertilidad, etc. Estos mitos, creencias y prácticas existieron durante siglos transmitidos solo de forma oral. Fue la influencia del budismo, introducido en Japón en el siglo VI, lo que hizo cristalizar todo eso en el actual panteón de divinidades y la creación de una mitología escrita.

Dos son los documentos en que se basa la mitología japonesa: el Kojiki (Crónica de los acontecimientos antiguos), presentado al emperador Temmu en el año 712, y el Nihongi (Crónicas del Japón), finalizado ocho años más tarde. Kojiki y Nihongi, pese a coincidir en las líneas básicas, difieren en los detalles, y para entenderlo hay que tener en cuenta las circunstancias en que fueron escritos. El Kojiki, escrito bajo influencia imperial, pretendía dar fuerza y solidez a ésta, mientras que el Nihongi está fuertemente influenciado por la cultura budista china que empezaba a entonces a introducirse con fuerza en Japón. Puede profundizarse mucho más en este aspecto pero éste no es el objetivo de estos artículos. Si os interesa, os recomiendo el libro Antiguos mitos japoneses de Nelly Naumann (encontrareis su ficha completa de nuestra Guía) donde hay una completa introducción a las circunstancias históricas en que ambos libros fueron escritos.
Siempre que no se indique lo contrario, las historias de este artículo se refieren al Kojiki, considerado habitualmente el más importante de los dos.
La creación del mundo

En el principio, solo había el caos infinito sin forma. En él cristalizó Takamagahara, la Alta Planicie Celestial. En él surgieron las tres divinidades creadoras: Ame no Minaka-nushi no kami ("El dios del augusto centro del cielo"), Takami-musubi no kami ("divinidad de la alta y augusta fuerza activa de la procreación") y Kami-musubi no kami ("divinidad de la fuerza activa divina de la procreación").
En aquel entonces el mundo aun no era sólido, parecía aceite y flotaba como una medusa. De allí emergieron otros dos dioses que, con los dos anteriores, son las cinco divinidades primordiales: Umashi-ashikabi-hikoji no kami y Ame-no-Tokotachi no kami.

A continuación surgieron otras siete generaciones de dioses, cada una formada por un dios y una diosa, que culminaron en Izanagi no mikoto ("el hombre augusto que invita" e Izanami no mikoto ("la mujer augusta que invita"), la pareja primordial.



Izanagi e Izanami agitan el mar con la lanza celestial. (1)
(Pulsad en la imagen para una versión ampliada)
Izanagi e Izanami

El mundo entonces seguía sin ser sólido, así que los dioses encargaron a Izanagi e Izanami que le dieran consistencia y lo terminaran, y a ese efecto les entregaron la lanza celestial Ama no Nuboko, incrustada de gemas. Izanagi e Izanami se situaron en el Puente Flotante del Cielo y agitaron el mar con la lanza. Cuando la sacaron, el líquido que goteaba de la punta se solidificó formando la isla Onogoro.

Los dos dioses descendieron hasta la isla y allí erigieron la Augusta Columna Celestial y la Sala de Ocho Anchos. Entonces Izanagi le preguntó a su hermana como estaba hecho su cuerpo y ella contestó que le faltaba una parte, mientras que el reconoció que le sobraba una parte y sugirió que las uniesen. Para ello, ambos rodearon la columna, Izanami por la derecha e Izanagi por la izquierda, y cuando encontraron en el centro, Izanami habló primero. A Izanagi no le gustó, pero consumaron el matrimonio. De esa unión nació Hiruko, el niño-sanguijuela, un ser deforme que la pareja abandonó en una barca de juncos. Ascendieron a los cielos para preguntar a los dioses la razón de tal nacimiento y éstos, después de efectuar la ceremonia de la Gran Adivinación, dijeron que había sido porque Izanami habló primero cuando se encontraron y que debían hacerlo al revés. Regresaron a la columna y ésta vez Izanagi habló primero. De esta unión nació la isla de Awaji, a la que siguieron las otras ocho grandes islas de Japón. Esta leyenda fue usada durante siglos para justificar la posición inferior de la mujer en la sociedad japonesa.

Después de las islas, Izanagi e Izanami siguieron dando a luz a otros dioses, hasta que nació el dios del fuego, Kagutsuchi, quien quemó severamente la entrañas de su madre, la cual enfermó gravemente. Aún es ese estado, otros dioses nacieron de diversas partes de su cuerpo. Mizuhame no Mikoto fue la última diosa a la que dio a luz antes de morir, hecho que marca la aparición de la muerte y el dolor en el mundo.
Izanagi, destrozado por el dolor, se postró a los pies de su esposa y la lloró inconsolablemente. De sus lágrimas nació la diosa Nakisawame no Mikoto. Ciego de rabia por el dolor, Izanagi sacó su espada y decapitó a Kagutsuchi, cuyo nacimiento había resultado fatal para Izanami. Pero de la sangre de éste nacieron otros ocho dioses.


Ame no Minaka-nushi no kami ordena a Izanagi e Izanami que den consistencia al mundo. (2)
Izanagi viaja al reino de los muertos

En una historia que tiene un sorprendente paralelismo con el más conocido mito griego de Orfeo y Eurídice, Izanagi viajó al Yomi, el reino de los muertos, para recuperar a su esposa. Cuando llegó a la entrada de un palacio, Izanami salió a su encuentro. Izanagi le rogó que volviera con él, pero ella le dijo que ya era demasiado tarde, puesto que ya había ingerido la comida del Yomi. Sin embargo, accedió a llevar su petición a los dioses del mundo de las tinieblas y le rogó que no mirara mientras ella no estuviera. Ella se marchó después de aquello, pero a Izanagi la espera se le hizo demasiado larga y, rompiendo una de las púas de la peineta que llevaba en el moño izquierdo, le prendió fuego. Usando la luz para mirar a su alrededor, se encontró con el cadáver putrefacto de Izanami, en cuyo interior moraban los ocho dioses del trueno.
Descubriendo que Izanagi había roto su promesa, Izanami mandó tras él a las Mujeres del Yomi que la servían. Izanagi huyó y ella envió a los ocho dioses del trueno junto a los quinientos mil guerreros del Yomi en su persecución. Finalmente, Izanagi llegó a la entrada del Yomi, que bloqueó con una roca enorme.
Izanagi e Izanami se encontraron frente a frente, cada uno a un lado de la roca y él pronunció la fórmula del divorcio. Ella le amenazó con matar a mil humanos cada día, a lo que él le contestó que haría mil quinientas chozas para el parto. Es por eso que mil humanos mueren cada día y otros mil quinientos nacen cada día.
El nacimiento de los Tres Niños Augustos

Para purificarse tras su experiencia en el Yomi, Izanagi decidió tomar un baño. De las ropas que se quitó nacieron doce dioses y otros catorce dioses nacieron mientras se bañaba. De estos catorce, tres son las divinidades sintoístas mas importantes: Amaterasu no mikoto ("augusta persona que hace brillar el cielo"), diosa del sol, apareció cuando se lavó el ojo izquierdo; Tsuki-yomi no mikoto ("la augusta luna"), dios de la luna, cuando se lavó el ojo derecho; y Susano no mikoto ("el augusto varón colérico") apareció cuando se lavó la nariz.

Izanagi decidió dividir el mundo entre sus tres hijos. A Amaterasu le entregó el collar de joyas que llevaba al cuello y le ordenó que reinara sobre la Alta Planicie Celestial. A Tsuki-yomi le ordenó que reinara sobre la noche y a Susano sobre los mares.

Amaterasu y Tsuki-yomi reinaron sobre lo que les había sido asignado, pero Susano, en cambio, lloró intensamente, hasta el punto que secó los ríos y los mares y volvió áridas las montañas. Izanagi le preguntó la razón y Susano le contestó que no quería reinar sobre los mares, sino ir a la tierra donde descansaba su madre Izanami. Encolerizado, Izanagi le desterró. Después de eso, Izanagi se retiró a Taga, en Afumi.
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